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Osvaldo Soriano, mas vigente que nunca

Este 29 de enero se cumplieron 20 años de la desaparición física de Osvaldo Soriano, muerto prematuramente a los 54 años victima de un cáncer de pulmón. Autor de más de 10 libros y una importante cantidad de artículos periodísticos -fue parte del núcleo fundador del diario Página 12-  es considerado como uno de los escritores imprescindibles para conocer la realidad argentina de la década de los ‘80 y ‘90 y las costumbres populares características de nuestro país como el fútbol y el boxeo, deportes de los que era fanático.

Una mujer, No habrá más penas ni olvidos, Cuarteles de invierno, Das autogramm (de la novela Cuarteles de invierno), Una sombra ya pronto serásEl penal más largo del mundo fueron sus libros y relatos llevados al cine en Argentina y otros países del mundo, ganando numerosos premios y reconocimientos.

Exiliado en Bruselas y Paris durante la dictadora cívico-militar del ’78, regresó definitivamente al país en 1984 y desde el ‘87 al ‘96 fue el responsable de las contratapas del diario Pagina 12, entre las que estaba la sección “Llamada Internacional” en la que trazaba su mirada sobre la política nacional con una conversación telefónica de un corresponsal que escribía por encargo sobre el menemismo. A lo largo de su carrera, vendió más de un millón de ejemplares y sus obras fueron traducidas al inglés, francés, italiano, alemán, portugués, sueco, noruego, ruso, holandés, danés, checo, húngaro y polaco.

Compartía un ritual con Osvaldo Bayer, David Viñas, León Rozitchner y Tito Cossa que se repetía todos los jueves por la noche en la casa de Bayer, con quien Soriano atravesó el tiempo del exilio a través de cartas que se enviaron durante casi 8 años en los que ambos estuvieron fuera del país. San Lorenzo de Almagro, el club de sus amores, lo homenajeó en el año 2015 poniendo su nombre a la nueva sala de prensa en el Estadio Pedro Bidegain.

Como si el tiempo no hubiera pasado, allá por 1994 escribió en Pagina 12: “De todos los racismos el peor es el cotidiano, el chiquito que no culpabiliza. El que piensa, como le escuche decir una madrugada a un conductor de radio: ‘Yo no soy racista, solo digo primero nosotros, después ellos’. Ellos no votan, no tienen voz ni ley que los ampare. Pobres primero, negros después. Ahí están como esclavos en las fábricas de barrios y suburbios. Bolivianos, peruanos, cabecitas. La Asamblea del año XIII ya pasó y ellos ni siquiera saben que alguna vez los esclavos fueron liberados también en Buenos Aires.”

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